18 feb 2011

¿Desarrollo?

Reflexiones tras salir de una clase de Introducción a la Cooperación para el Desarrollo, asignatura de libre configuración que tengo este cuatrimestre y a la que voy con una motivación que ya querría tener para el resto de las materias de la carrera...

Transcribo tal cual lo que escribí esta mañana. No me apetece "corregirlo".

"Joder. Si de verdad los niños de "allí" son más felices que los de "aquí", me plantearía muy seriamente el tener como objetivo que el mundo entero alcance el grado de "desarrollo" que tenemos aquí. ¿Qué nos hemos dejado por el camino?

Esos niños vivían más o menos como mi abuelo. Mi padre me ha dicho en más de una ocasión que él recuerda que su padre y sus amigos eran más felices que la gente de ahora. Él lo recuerda, lo vio con sus propios ojos, aunque a mí me llegue sólo de oídas.

¿Qué se perdió entre la generación de principios del siglo XX de España y ahora? ¿Y la diferencia entre "allí" y "aquí"? ¿Por qué son felices?

La pregunta "¿por qué somos infelices?" parece más fácil de contestar.

Dudo que exista ningún indicador de desarrollo que mida la "felicidad". Cómo se medirá eso.

Está claro que es necesario (luchar por) un mínimo. Un mínimo de salud, alimentación, educación. No se puede aceptar que haya un niño con anasarca por hipoproteinemia, por muy feliz que esté.

Pero entonces, ¿dónde se pone el límite? ¿Hasta qué grado de "desarrollo" -digamos económico- es necesario, justo y positivo, y a partir de qué punto empezaremos a perder más que ganar? ¿"Empezaremos"? ¡Empezarán! ¿Y quién soy yo -ni nadie- para colocar un tope a ese desarrollo económico, "en favor de su felicidad"?

O quizá sólo sea que tomamos un camino equivocado. Fuimos los primeros en ir por este camino. Lo raro hubiera sido no haber cometido errores. Claro que un buen nivel de vida -económico- puede ser compatible con la felicidad. ¿El problema estará en el exceso? Qué conclusión más típica.

Somos idiotas. Nos creemos que estamos "arriba" y en realidad estamos... perdidos. Ni arriba ni abajo. No sabemos dónde estamos ni mucho menos hacia dónde vamos; ni siquiera hacia dónde queremos ir.

Totalmente perdidos."

1 comentario:

Nekovidal dijo...

No creo que sea acertado ese paralelismo que solemos usar entre desarrolllo material y felicidad o infelicidad. Nuestra enfermedad social y cultural no proviene de vivir materialmente mejor, sino de haber sido educados, inducidos y hasta subliminalmente obligados a desear siempre tener más, sea de lo que sea, igual más dinero que más ropa, que más amigos.
La razón de haber caido en esa epidemima colectiva que tanto sufrimiento crea directamente en el Primer Mundo, como indirectamente en el Tercer Mundo tal vez habría que buscarla en haber dejado sueltas las riendas de la codicia, hasta haberla transformado en una actitud tan bien vista como si de una filosofía más se tratara, y tal locura solo puede p`rovenir de una muy mala educación.
Sí existe una educación para ser feliz, pero solemos descubrirla, y sólo parcialmente, al cabo de los años, cuando debiera ser la base de la educación en nuestra infancia.
Mientras no comprendamos y asumamos colectivamente la importancia enorme de la educación, no ya como sistema de adquisición de conocimiento, sino de conocimiento de la naturaleza humana a fin de lograr su desarrollo y consiguiente felicidad, no podremos salir del abismo en que hemos caido, por mucho que vayamos por el mundo imponiendo o contagiando nuestro error a otras culturas.
Es necesario dar un nuevo paso evolutivo, la segunda transformación humanista de la educación, como continuación de aquella primera que se dio en parte de Occidente a lo largo del siglo XIX y primera mitad del XX, cuando se le arrebató a los credos religiosos el monipolio en la formación de los niños.
En este segundo paso no podemos cometer el error de dejar dicha transformación en manos de los políticos, que por la estructura propia del sistema en que estamos, nunca saben, ni pueden, ni quieren en muchos casos, pensar a largo plazo, sino en ganar las siguientes elecciones.
Más asombrosa resulta nuestra situación si tenemos en cuenta que ya existen varios sistemas educativos (Summerhill, Escuela Libre, etc.) que han demostrado sobradamente su eficacia, incluso con niños conflictivos.
Pero no se hará de la noche a la mañana, porque hay otro "pequeño" inconveniente: una buena educación da lugar a seres tan felicies como libres, y esto significa críticos y socialmente contestatarios, por tanto, ¿qué político, sea de la ideología que sea, va a poner los cimientos de un sistema que daría lugar a ciudadanos tan dificilmente manipulables . . .?