19 jun 2011

Microcréditos: Kiva

Antes de leerte el tostón: este post NO te va a pedir que dones dinero a ninguna causa altruista. Este post te va a explicar que con parte de ese dinero que tienes parado en el banco, puedes hacer pequeños préstamos a personas o negocios de alguna parte del mundo. No hay truco, no hay comisiones. Tu dinero va, sirve para algo, y vuelve. YO YA LO HE PROBADO, sé que funciona, y por eso estoy escribiendo esto.

En el artículo del blog Brunoat.com, AQUÍ, se explica muy bien. Algo de información básica y mi propio punto de vista y experiencia personales, a continuación:

Muhammad Yunus es un economista, banquero (fundador del Banco Grameen) y profesor de universidad de Bangladesh que en 2006 recibió el Premio Nobel de la Paz por desarrollar el concepto de microcrédito.
Ha escrito un pequeño libro titulado "¿Es posible acabar con la pobreza?", editado por la Universidad Complutense de Madrid.

Por explicarlo en breves palabras: los microcréditos son, como su propio nombre indica, pequeños créditos que se conceden habitualmente a personas de países en vías de desarrollo que, o bien no reúnen los requisitos suficientes para poder solicitar un crédito "normal" a un banco "normal", o bien podrían solicitarlo pero bajo condiciones abusivas.

Kiva es una plataforma de microcréditos que se fundó en 2005, y en la actualidad cuenta con más de 500.000 prestamistas. Se han movido 208 millones en préstamos, con un índice de devoluciones del 98,71%. Los prestamistas son ciudadanos "normales", como tú o como yo, que dan pequeños créditos (a partir de 25$) a una persona o grupo de personas que solicitan una determinada cantidad para un proyecto o negocio. Éste puede estar relacionado con el sector agrícola, de transportes, ventas al por menor... como podéis ver AQUÍ.

La cantidad total del crédito que solicitan no suele ser muy elevada. Por poner algunos ejemplos de préstamos que hice y ya me han devuelto (la cifra es el crédito total que pedían; yo puse 25$ para cada uno):

  • 800$: Una chica de 21 años de Ecuador para comprar semillas.
  • 1.025$: Un grupo de mujeres de unos 35 años de Mali, para compra-venta de bienes diversos.
  • 400$: Una mujer de 36 años de Vietnam, con cuatro hijos que van a la escuela primaria y secundaria, y cuya fuente de ingresos se basa en la ganadería. Solicitó el préstamo para comprar alimento para sus cerdos.

La primera vez que leí sobre esta plataforma de microcréditos online, el año pasado, fue en una fuente para mí más que fiable. Pero quería probarlo por mí misma antes de divulgarlo, así que eso hice: tres préstamos de 25$ a tres proyectos totalmente distintos, de los cuales dos ya lo han devuelto completamente, y el tercero va por un 60%.

Obviamente no todo es jauja, y no el 100% de los préstamos son devueltos (de media hasta el momento, un 98,75%). Para eso hay algunos índices de "fiabilidad" de cada persona o grupo que solicita el crédito. Pero que uno de cada 50 préstamos nos falle, ¿qué puede suponer? ¿Que "perdamos" 20$ al año? Considerémoslo una donación. Todo lo demás, es dinero que va y vuelve. Insisto: Que va, sirve para algo, y vuelve.

No digo que pongamos ahí todos nuestros ahorros, ni muchísimo menos. Eso es algo personal que cada cual tendrá que valorar por sí mismo; pero lo que sí me resulta molestamente incomprensible es que tengamos dinero en nuestras cuentas bancarias... iba a decir cogiendo polvo, ¡pero no! Ni siquiera está cogiendo polvo. Está siendo movido por las manos de los debidos "expertos" banqueros,  economistas y especuladores de turno que mágicamente harán que se multiplique (llevándose ellos el beneficio, evidentemente).

Estamos tan acostumbrados a haber oído hablar de ello desde pequeños que hace falta parase un poco y dar un par de pasos atrás para poder preguntarse: ¿no es raro que el dinero, por sí mismo, pueda crear más dinero?

Si el dinero es un concepto relativamente "virtual" que hemos inventado los humanos para poder hacer transacciones de bienes y valores reales con más facilidad, no tiene sentido que algo virtual se multiplique si detrás no hay un bien o un valor real que lo respalde.

Yendo a lo práctico: hace falta tener una cuenta de Paypal. Cualquiera que haya comprado alguna vez algo por Ebay probablemente lo sepa, pero para los que no lo conozcan: simplemente consiste en asociar una determinada tarjeta de crédito o débito con una cuenta de correo electrónico, de manera que cada vez que tengamos que hacer una transacción económica por Internet (como en Ebay, Alsa, Kiva...) no tendremos que introducir de nuevo los datos bancarios sino simplemente identificarnos con la cuenta de Paypal.

Para abrirte una cuenta de Paypal: AQUÍ.


Para registrarte en Kiva: AQUÍ.


Si tienes cualquier duda, reparo, objeción o motivo de desconfianza, no te lo guardes: COMÉNTALO, y lo comentaremos.

2 jun 2011

Tenemos lo que nos merecemos

Esta mañana le he preguntado a la chica griega que se está hospedando en mi casa: “¿En Grecia, cuánto os cuesta la universidad?” (en inglés).

Me ha mirado con cara de no entender lo que le estaba preguntando, y tras volver a explicárselo con otras palabras, con el ceño fruncido me ha contestado: “No, no pagamos nada”.
“Ah, joder… pero tendréis que pagar los libros.”
“No, no, nos los dan gratis.”
“¿Que os dan gratis el Harrison??” (dos tomos de medicina interna que cuestan en torno a los 250€ -ejemplo anecdótico-)
“Sí, bueno el Harrison es un libro de referencia, aparte de ése nos dan otro del que realmente estudiamos.”

“It’s so unfair” ha sido mi primera reacción, típico lamento al estilo “a mi hermano le dan esto y a mí no”, “mi vecino tiene aquéllo y yo no”.

Pero luego hemos seguido comentando cómo eran las situaciones en nuestras respectivas universidades. Mi primera pregunta había surgido por la subida de las tasas universitarias (a raíz del plan EEES o Bolonia) de la que he oído hablar ya en un par de sitios distintos, y que me está empezando a mosquear. Ya que de ser cierto lo que se comenta, va a ser una cosa brutal.

Por resumir y por ir al grano: allí, los estudiantes tienen fuerza, y tienen fuerza de verdad. Y no es porque los políticos (de derechas o de “centro”, que son los dos partidos mayoritarios que siempre se están turnando en el poder, como en tantos otros países) sean más considerados.

Es porque si hay problemas o los representantes de delegación ven venir cambios polémicos, se convoca una asamblea. Y a esa asamblea no van 20 personas, como sucedía en la facultad de medicina de la UAH hace dos años cuando se empezaba a discutir la implantación el plan Bolonia en las universidades españolas. Ni un 20% como en Barcelona, máximo nivel de participación estudiantil en España.
Van más de un 80% de los estudiantes. Asambleas de más de 1.500 personas en una facultad de 1.800.

Y si hay que manifestarse se manifiesta, y si hay que hacer huelga se hace huelga, y si hay que encerrarse, se encierra. Y se encierran y duermen en las facultades durante dos meses, incluso siendo época de exámenes. Porque no son estúpidos, y saben que un sacrificio individual como el que puede suponer el tener que presentarse a los exámenes en septiembre, merece la pena si con él vas a poder frenar unos cambios en el sistema educativo que te van a perjudicar a ti, y a todos los que vienen detrás tuya.

Pero claro, esto sólo tiene sentido si lo hacen la mayoría de los estudiantes, y no el pequeño grupo de los-que-siempre-están-metidos-en-movidas.
Y si lo hacen en todas las universidades a nivel nacional, como sucedió allí hace 3 años.

Ya no me parecía tan “unfair”.

¿Difícil de imaginar eso aquí?

No me extraña. Si ante cualquier movimiento estudiantil la respuesta o excusa más habitual de los propios estudiantes es: “¿Para qué? Si no va a servir de nada.”

Y es por eso por lo que nos merecemos lo que tenemos.