Esta mañana le he preguntado a la chica griega que se está hospedando en mi casa: “¿En Grecia, cuánto os cuesta la universidad?” (en inglés).
Me ha mirado con cara de no entender lo que le estaba preguntando, y tras volver a explicárselo con otras palabras, con el ceño fruncido me ha contestado: “No, no pagamos nada”.
“Ah, joder… pero tendréis que pagar los libros.”
“No, no, nos los dan gratis.”
“¿Que os dan gratis el Harrison??” (dos tomos de medicina interna que cuestan en torno a los 250€ -ejemplo anecdótico-)
“Sí, bueno el Harrison es un libro de referencia, aparte de ése nos dan otro del que realmente estudiamos.”
“It’s so unfair” ha sido mi primera reacción, típico lamento al estilo “a mi hermano le dan esto y a mí no”, “mi vecino tiene aquéllo y yo no”.
Pero luego hemos seguido comentando cómo eran las situaciones en nuestras respectivas universidades. Mi primera pregunta había surgido por la subida de las tasas universitarias (a raíz del plan EEES o Bolonia) de la que he oído hablar ya en un par de sitios distintos, y que me está empezando a mosquear. Ya que de ser cierto lo que se comenta, va a ser una cosa brutal.
Por resumir y por ir al grano: allí, los estudiantes tienen fuerza, y tienen fuerza de verdad. Y no es porque los políticos (de derechas o de “centro”, que son los dos partidos mayoritarios que siempre se están turnando en el poder, como en tantos otros países) sean más considerados.
Es porque si hay problemas o los representantes de delegación ven venir cambios polémicos, se convoca una asamblea. Y a esa asamblea no van 20 personas, como sucedía en la facultad de medicina de la UAH hace dos años cuando se empezaba a discutir la implantación el plan Bolonia en las universidades españolas. Ni un 20% como en Barcelona, máximo nivel de participación estudiantil en España.
Van más de un 80% de los estudiantes. Asambleas de más de 1.500 personas en una facultad de 1.800.
Y si hay que manifestarse se manifiesta, y si hay que hacer huelga se hace huelga, y si hay que encerrarse, se encierra. Y se encierran y duermen en las facultades durante dos meses, incluso siendo época de exámenes. Porque no son estúpidos, y saben que un sacrificio individual como el que puede suponer el tener que presentarse a los exámenes en septiembre, merece la pena si con él vas a poder frenar unos cambios en el sistema educativo que te van a perjudicar a ti, y a todos los que vienen detrás tuya.
Pero claro, esto sólo tiene sentido si lo hacen la mayoría de los estudiantes, y no el pequeño grupo de los-que-siempre-están-metidos-en-movidas.
Y si lo hacen en todas las universidades a nivel nacional, como sucedió allí hace 3 años.
Ya no me parecía tan “unfair”.
¿Difícil de imaginar eso aquí?
No me extraña. Si ante cualquier movimiento estudiantil la respuesta o excusa más habitual de los propios estudiantes es: “¿Para qué? Si no va a servir de nada.”
Y es por eso por lo que nos merecemos lo que tenemos.
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1 comentario:
Muchome temo que sí.
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