Muchos hemos pedido que se retiraran de las listas de candidatos a las elecciones a aquellos políticos imputados por delitos de todo tipo, principalmente de corrupción. Y nos han ignorado.
Pero, ¿saben qué? Eso no es lo más grave. El problema no está en que nos ignoren. El problema radica en que en un país mínimamente culto, con sentido común o con dos dedos de frente (y no hace falta tener una carrera universitaria para poseer cualquiera de estas cualidades), no habría ninguna necesidad de pedirles tal cosa a los partidos políticos. Ellos mismos se encargarían de hacerlo, pues sabrían sobradamente que nadie votaría a esos candidatos, y el hecho de seguir apoyándolos podría incluso repercutir negativamente en la imagen de todo el partido.
Pero como vivimos en el país en el que vivimos, no sólo no tienen necesidad de quitarlos de las listas. Sino que además, dichos imputados (no digamos ya los partidos a los que pertenecen) tienen el respaldo de miles o millones de ciudadanos. Y además, en algunas ocasiones, hasta ganan.
Hablo incluso de casos de corrupción que han sido ampliamente difundidos en los medios de comunicación. Pero claro, entiendo que éstos estén perdiendo toda credibilidad. Si un señor puede salir tranquilamente en la televisión y decir que los ciudadanos concentrados pacíficamente en la Puerta del Sol están relacionados y entrenados por ETA, ¿por qué nadie habría de creerse cualquier otro tipo de acusación hacia uno o varios miembros del partido político que sea?
Algo parecido puede decirse respecto a la credibilidad del poder judicial.
Éste es el país en el que vivimos. ¿Cómo es posible? Yo, no lo entiendo. Que tantos millones de ciudadanos puedan seguir sintiéndose más identificados con políticos de un determinado partido antes que con ciudadanos de otra tendencia política, no me entra en la cabeza.
Dicen varios carteles en Sol: “Nos tratáis como a imbéciles”. En fin, es que no les faltan motivos.






1 comentario:
Triste, muy triste.
Publicar un comentario