Llevo dos semanas rotando por el servicio de neurología.
Hoy, al igual que la mayoría de los demás días, hemos visto a una señora mayor, muy mayor. De 93 años, con tres ictus (infartos cerebrales) y un nivel de consciencia nulo. E irrecuperable, por supuesto.
La discusión (bueno, más bien el intercambio de preguntas y respuestas, porque yo en ningún momento defendía ninguna postura en concreto) comenzó cuando el médico comentó que si la familia no quisiera que a esta mujer le dieran alimentación por la sonda nasogástrica y dejasen constancia de ello firmando un documento, no se la darían (a menos que hubiera sospecha de que los hijos quisieran acelerar su muerte para recibir la herencia o hubiera otros intereses por medio, en cuyo caso habría que notificárselo al juez de turno; pero éste no era el tema de discusión); que probablemente moriría o por desnutrición, o por una sepsis debido a una neumonía.
Mi pregunta era que por qué se le seguiría administrando suero vía intravenosa, si se le iba a suspender la alimentación por vía nasogástrica.
Recapitulo la situación: una mujer de 93 años con un nivel de consciencia tan bajo que no puede o podría percibir el dolor, la sensación de hambre ni la sensación de sed. Suspenderle la alimentación supone que morirá en cuestión de semanas o meses, ya fuera de desnutrición, por una sepsis, u otra causa. Suspenderle el suero supondría que moriría en cuestión de días o poco más de una semana por deshidratación y el subsiguiente fracaso renal. En ambos casos estaríamos dejando de sustituir una función natural voluntaria que ella no es capaz de realizar (comer y beber), con lo cual terminaría falleciendo de forma inevitable. La única diferencia entre una situación y la otra es el tiempo que tardaría en llegar al final.
El punto de discusión al que quiero llegar no es, aunque pueda parecerlo, la eutanasia –ni activa ni pasiva-. Es plantear esta situación y las reacciones que vi en el médico y la residente cuando iba haciendo una pregunta tras otra porque desde un punto de vista estrictamente racional y lógico (y no por ello menos humano), no veía la diferencia.
- El primero me terminó poniendo una metáfora, un símil: la diferencia entre robar 400€ ó 401€ podía suponer, respectivamente, un tirón de orejas y a casa (por hurto) o el inicio de un proceso judicial y la posibilidad de ir a la cárcel (por robo). Legalmente está establecido que la sonda nasogástrica sí se puede retirar, pero no así la vía intravenosa con el suero.
- La segunda, en cambio, otra casi se escandalizó: “cómo íbamos a negarle unos cuidados mínimos” a la paciente.
Reitero que estamos hablando en ambos casos de suspender una medida que prolongaría su vida de forma temporal; en ambos casos sufriría lo mismo (nada); y en ningún momento he mencionado la opción de acelerar de forma activa este proceso administrando una dosis alta de morfina, potasio, o cualquier otra sustancia. Ése es otro tema de discusión distinto y que prefiero dejar para otro día. La única diferencia es el tiempo.
El punto al que quiero llegar es a que es importante distinguir entre las cosas que hacemos porque creemos que son moralmente correctas y aquéllas que hacemos porque los hombres, arbitraria y temporalmente, hemos decidido que son correctas. No digo que a las segundas no se las deba respetar; al contrario, son leyes creadas por la mayoría de los seres humanos de una determinada sociedad (teóricamente) y necesarias para la convivencia en ella.
Pero es importante distinguir una cosa de la otra porque en el primer caso no hay lugar para la duda ni para plantearse un cambio; mientras que en el segundo caso, sí. Si aceptamos como moralmente correctas (y por tanto consideramos inamovibles) principios que temporal y circunstancialmente se han establecido así en la sociedad en la que vivimos, corremos el riesgo de quedarnos estancados.
Tanto histórica como mentalmente.






3 comentarios:
Por cierto, y por si alguien opina por algún motivo que es más “cruel” dejar morir a alguien –inconsciente- de deshidratación (fracaso renal) que de desnutrición, estaré encantada de escuchar su razonamiento. Pero antes le invitaría a ver o recordar cualquiera de todas esas famosas y frecuentes imágenes de esqueletos humanos que podemos ver cuando nos retratan las tragedias y epidemias de desnutrición que se dan de cuando en cuando en tantos países africanos; y que visualice esa misma imagen, sólo que en una persona de piel no-negra.
Personalmente, si pudiera elegir, no querría que ninguno de mis seres queridos terminase así. A pesar de que, haciendo gala del pensamiento racional, debería recordar que no hay sufrimiento por medio y tener en cuenta que, al fin y al cabo, el cuerpo es sólo una carcasa material que, para colmo, a las pocas semanas estará descomponiéndose ya sea más o menos bello en el momento del último suspiro. Pero no por ello veo la necesidad de que una persona se termine consumiendo de esa manera.
Desgraciadamente este tema se ha discutido hasta la sociedad (sic) y desgraciadamente, algunos de los contendientes hacen gala de tan poca actividad del neocórtex como tu paciente. Véase Terry Schiavo. Interesante cara de "oooops" al ver los resultados de la autopsia. Aquella pobre mujer hacía años que no sentía ni ecía, a pesar de los testimonios de los "expertos."
Ay.
Ante temas tan complejos, y donde la unanimidad es prácticamente imposible, creo que debemos plantearnos estas situaciones desde la lógica más elemental, que suele ser la menos habitual.
A partir de los 18 o 21 años la sociedad nos concede el derecho a elegir libremente miles de factores que conidionan nuestra vida, (aunque no todos): donde vivir, gustos personales de todo tipo, elección de pareja, ingresar en una secta, etc. etc.
Entre esos derecho, existe en algunas partes del mundo el "testamento vital", por el que una persona puede decidir como quiere terminar su vida en caso de encontrarse en la situación que cuentas de esa anciana de 93 años. Así de simple, solo haría falta hacerlo obligatorio o, en caso de renuncia, dejar esa capacidad de decisión en manos de algún familiar.
Si desde el instituto nos enseñaran la importancia de esta decisión, dudo que alguien recunciara a tomarla.
El resto, ética, moral o amoralidad se confunden en la mente de cada persona, pero nadie, nadie, tiene derecho a decidir la forma de terminar cada uno su vida, mientras no ponga en peligro la vida de otros.
P.D.: por si no me da tiempo a terminar el testamento vital: El menor sufrimiento posible (el dolor no purifica, destruye)y, en caso de coma, máximo de espera un año. A partir de ahí, aprovechar lo que se pueda de mi cuerpo, y entierro lo más barato posible, o sea un buen crematorio, que así nuestros átomos ya están una semana después repartidos por todo el planeta. Amén.
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