Empezaré diciendo que acepto y entiendo que se pueda disfrutar de un partido de fútbol, al igual que se puede disfrutar de un partido de baloncesto, tenis, cualquier otro deporte o cualquier otro espectáculo en el que se vean especialmente desarrolladas determinadas cualidades humanas, como puede ser la danza (por poner un ejemplo en el que esas cualidades requeridas son también principalmente físicas y de destreza; aunque en este caso también estaría presente el componente artístico).
Sin embargo, y aprovechando el ejemplo de la danza, quiero plantear un símil con el que creo que quedará bastante evidente por qué la actitud de los españoles (suponqo que en otros países también sucederá algo parecido) ante el fútbol me parece exagerada: imaginemos que nos encanta la danza. Cualquier tipo de danza, en el que es necesario mucho entrenamiento, disciplina y talento. Tenemos a la Compañía Nacional de Danza de España, que en una competición mundial se va a medir con las compañías de muchos otros países. Podemos querer que gane la compañía de nuestro país, si no es la que lo hace peor (y sí, no he dicho “si es la que lo hace mejor” a propósito). Pero que durante semanas prácticamente sólo se hablara de eso en los medios de comunicación, que las banderas de España multiplicaran su presencia por cientos de miles, incluyendo pintadas en la cara y otras partes del cuerpo, sería claramente desmesurado.
Me he dado cuenta este año, sin embargo, de la “envidia” (en cierto modo) que siento al ver a los fanáticos fuboleros. La vida consiste en sentir. Emociones buenas y malas, pero sentir. ¿Por qué esta “envidia”?
Por ver, primero: la posibilidad de sentir emociones tan fuertes, desde el júbilo más exagerado al llanto más desconsolado con algo tan asequible como es un partido de fútbol, o un equipo de fútbol.
Y segundo: por la posibilidad de compartir esas emociones con tantas otras personas. No se me ocurre ningún motivo más o menos real por el que yo, personalmente, pudiera compartir una alegría tan inmensa como la que se vivió el domingo pasado con… supongamos que 20 millones de personas a la vez. Ni siquiera 1 millón.
Y respecto a la presencia del fútbol en los medios de comunicación, y a una frase que leí en los comentarios del post sobre el pulpo Paul:
Creo que más bien somos los espectadores los que nos vemos obligados a adaptarnos a los medios (que a su vez responden a otros intereses).
¿Los espectadores nos adaptamos a los medios de comunicación, o los medios se adaptan a nosotros? En mi opinión, los medios se tienen que adaptar obligatoriamente a nosotros, porque viven de nosotros; si una cadena –privada- No tuviera audiencia, no podría financiarse a través de los anuncios publicitarios, y terminaría viéndose obligada a cerrar.
Sin embargo, los espectadores no tenemos para nada la obligación de adaptarnos a los medios. Podemos elegir entre cientos de opciones (si estamos hablando de cadenas de TV), y aún en caso de no encontrar nada decente en toda esa variedad, tenemos la opción de, simplemente, dedicar nuestro tiempo a otros quehaceres.
Y para finalizar; aunque personalmente me dé más rabia ver que gente que habitualmente parece compartir conmigo, en líneas generales, esta opinión sobre el fútbol mediático se sume al rebaño en momentos como cuando España se acerca a la final del mundial; a ver que lo hace gente que ya de por sí suele estar habitualmente en el rebaño, también entiendo que puedo usar otro "filtro", o simplemente ser más tolerante, y no pensar que se “unen al rebaño” sino simplemente “a la fiesta”. Y que éste, el fútbol, no sea sino otro motivo más por el que estar una o dos noches de juerga, aunque sea celebrando algo que, si nos paramos a pensar un poco, vemos que ni nos va ni nos viene en nuestra vida personal.






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