5 jul 2010

Inercia

Sí, y llego yo, y digo ahora: ¿cuántas de las cosas que has hecho hoy has hecho porque realmente quisieras hacerlas?
¿Cuántas de las cosas que has hecho hoy te has planteado siquiera si realmente querías hacerlas?
¿Cuántas, de todas las cosas que has hecho hoy, has hecho sólo por INERCIA?

El traje más “a medida” que tenemos es el de nuestras costumbres, nuestro día a día, nuestro entorno cotidiano. 
Ése en el que todo parece encajar, todo está en su sitio, y cualquier cosa que intente salirse de él estará alterando el orden natural de nuestro mundo.
Ése que hace que día tras día hagamos una cosa tras otra, tras otra, tras otra, sin pensar si está bien o no, si es lo que queremos o no, si sabemos por qué lo estamos haciendo o no…

Porque para cambiar de dirección o para pararnos a pensar primero tenemos que frenar esa inercia, esa fuerza que nos mueve hacia ese lugar conocido, nunca nuevo y a veces llamado ninguna parte.
Tarea un poco más difícil aún, si tenemos en cuenta que por mucho que supliquemos que nos dé un respiro, el tiempo jamás deja de correr.

Todo lo que hacemos por inercia no somos ni seremos capaces de recordarlo. Son días muertos, que mueren apenas nacer. Los podremos recordar resumidos en un solo ciclo rotativo terrestre. 
Hay personas que viven 40 años movidos sólo por esa inercia, y sí, todo ese tiempo de su vida podría ser resumido en 24 horas.
Una acción tras otra en ese tristemente pequeño período de tiempo (a pesar de que luego nos compadezcamos de las mariposas que sólo pueden disfrutar de  una semana de vida); rebobinen a la mañana siguiente y vuelta a empezar.
Una película de escasas horas repetida cientos o miles de veces, hasta la saciedad, o hasta que al protagonista se le ocurre preguntar ¿…y qué hago yo aquí?

No es sólo cuestión de tener prisa. Es cuestión de tenerlo todo perfectamente configurado, en un plan en el que por supuesto, no tiene cabida el “tiempo muerto”, el “no hacer nada”, o la simple –o quizá no tan simple- tarea del pensar…

Qué triste que las personas –y tampoco todas- sólo cuando notan arrugas en su cara, sólo cuando la sociedad les dice que ya han “cumplido” y pueden disponer de todo el tiempo que deseen y no saben qué hacer con él –si no someterse a un nuevo patrón de actividades que repetirán hasta su R.I.P.-, sólo cuando ven que su cuerpo y su mente tienen más dolores que esperanzas, sólo cuando ven la cifra de la edad cronológica de su vida se encuentra más cerca del promedio de esperanza de vida de su país que del 0, se pregunten: ¿…y qué he hecho yo en mi vida?

Inercia, señores, INERCIA.

Una inercia que nos inmoviliza hasta límites insospechados...



(Redactado en DIC/2008.) 

4 comentarios:

Alberto dijo...

Vamos a ver Iderina... perdona que me ponga físico. La inercia es sólo otra fuerza como la gravedad, que podemos usar o dejar que nos estrelle. La inercia nos permite seguir en la misma dirección gastando menos energía... Lo de perder los días con el "mantenimiento" de nuestras vidas no sé si es tiempo perdido, pero no hay más remedio. Tengo la suerte de conocer a un par de escritores y me fascina la cantidad de tiempo que "pierden" en cosas como ir a renovar el DNI y renovar pedidos de su librería habitual y ordenar y etiquetar miles de JPGs en su disco duro y encima tienen tiempo para "ganar" tiempo con sus hijos, amigos etc y encima escriben... No fue uno de ellos el que me dijo que la vida es un noventa y nueve por ciento mantenimiento... ¿es inercia diagnosticar y tratar y si es posible curar a un paciente tras otro? Pues será, pero seguro que merece la pena...

Iderina dijo...

Quizás no me explicara bien en el texto... pero lo que quería criticar en su día cuando lo escribí, y aún hoy, no es el hecho de que tengamos una "rutina" o hagamos más o menos cosas parecidas a lo largo de cada uno de los días de nuestra vida.
¡Claro que no podemos hacer algo distinto cada día! (Como "poder", todo se puede, pero es muy complicado y no necesariamente merece la pena.)
Lo que no me parece bien es el hecho de entrar en una rutina "automáticamente", sin cuestionarnos ni por qué hemos entrado, ni una vez que estamos dentro, por qué seguimos dentro. Eso es lo que considero "tiempo perdido", lo que hacemos sólo por dejarnos llevar por la fuerza de la costumbre.

Alberto dijo...

En eso, estamos de acuerdo, sólo quería hacer de "abogado del diablo" de la inercia... positiva...aunque no de la rutina. Reitero, estamos de acuerdo. Y me encanta tu blog, no sé si lo he dicho antes...

Iderina dijo...

¡Gracias! =)