¿Por dónde empezar?
En diciembre pasé cerca de 20 días en esas tierras (la mayor parte del tiempo en Palestina). Unos días en Jerusalén por mi cuenta, y casi dos semanas en un workcamp (campamento mezcla de voluntariado y programa intercultural) organizado por IPYL (International Palestinian Youth League) en Belén, con alguna que otra visita a otras ciudades importantes.
El objetivo del campamento no era tanto la ayuda puntual que pudiéramos ofrecer limpiando escombros o caminos para senderistas, como empaparnos de la realidad, de la situación y de la vida en ese rincón del planeta para luego difundir la información a nuestra vuelta.
En el workcamp participaron voluntarios de todas partes del mundo (Francia, Italia, Irlanda, Canadá, Suecia, Japón, México, Bélgica) y cinco o seis locales palestinos. La proporción de buena gente y personalidades interesantes era increíblemente alta en comparación con "entornos normales"; y lo mismo puedo decir de los estudiantes israelíes con los que me alojé en Jerusalén, con los que contacté a través de la web Couchsurfing. Definitivamente, a nivel personal no podría haber tenido más suerte con las personas a las que conocí.
Esto no pretende ser un artículo de Wikipedia. Será una mezcla de lo que vi, oí y viví desde un punto de vista personal para todos aquéllos que tengan interés en saber cómo fue mi viaje y sobre todo y más importante, cuál es la situación y qué cosas están sucediendo en ese pequeño territorio de Oriente Medio.
Para empezar y para los que no sepan nada sobre el conflicto, un documental histórico básico (éste, como cualquiera que encontréis en Youtube) es imprescindible para tener al menos unas nociones mínimas:
Empecemos con el famoso muro. “Valla de separación” o “Muro de Apartheid” son distintos nombres que recibe esta estructura de más de 700 km que empezó a mandar construir el gobierno de Israel en junio de 2002 y aún está sin terminar.
El muro, que en su mayor parte consiste en una estructura a base de alambradas, y en torno a un 5% en este muro de hormigón de 7 metros de alto que podéis ver en las fotos, rodea el territorio de Cisjordania para separarlo de Israel; pero en vez de estar construido En la frontera, en más de un 80% se encuentra Sobre territorio palestino.
Israel argumenta que comenzó su construcción como respuesta a la oleada de ataques terroristas (sobre todo bombas suicidas) que estaba sufriendo durante la Segunda Intifada (2000-2005) y afirma que el número de los mismos se redujo a casi cero a partir de entonces gracias al muro.
Palestina por su parte afirma que esa disminución no fue debida al levantamiento del muro, sino a una mayor concienciación por parte de la población de que el camino a seguir era el pacifismo, dado que la violencia no podía conducir a nada.
Las consecuencias de la construcción del muro sobre la población palestina se traducen en pérdida de tierras y dificultad de movimiento: dificultad para acceder a atención médica, separación de familias, dificultad para acceder a centros de estudio o trabajo, etc. Hay algunos casos particularmente llamativos, como la ciudad de Qalqilya (podéis buscarla en Gogle maps), que se encuentran completamente rodeadas por el muro y cuyas entradas (siempre vigiladas por soldados israelíes, los únicos con copia de la llave, a los que es necesario enseñar permisos militares para poder salir o entrar) pueden tener un horario de entrada y salida tan limitado como de menos de una hora al día. Podéis imaginar lo que supone eso para casos como una mujer que se ponga de parto, un hombre que sufra un infarto, un incendio, o cualquier otra situación de emergencia que requiera de una ayuda inmediata.
Por parte de la población israelí, una opinión que pude oír es que para ellos, excluyendo de entrada a ultraortodoxos o radicales de cualquier tipo, la destrucción del muro les supondría sentir que vuelven a quedar expuestos a la posibilidad de ataques terroristas. Incluso para personas razonables que estén en contra de semejante segregación, viene a ser como elegir entre dejar de pisar los derechos del vecino, o exponerse a la posibilidad, por remota que sea, que que tú, tu familia o tus amigos, puedan sufrir algún tipo de daño.
El no respeto a los derechos humanos Nunca está justificado. Pero explico esto porque quiero que se entienda que no todos los ciudadanos israelíes son unos bárbaros insensibles que permiten, aceptan y aplauden las medidas que sus gobiernos (ahora mismo de derechas, por cierto) puedan aprobar. No quiero crear o alimentar estereotipos de ningún tipo, ni sobre palestinos ni sobre israelíes.
Y aunque esto seguiría dando mucho más de que hablar, hoy no me quiero extender.
El mes que viene, más.
(Galería de fotos: http://www.flickr.com/photos/workcamp_palestine2011/)
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